Las
heridas duelen, pero como todas, acaban cicatrizando en algún momento. Sigues
adelante, aunque estés roto por dentro. Tarde o temprano aparece
alguien que te ayuda a unir todo aquello que rompieron en su día. Alguien que te quite por completo el miedo a sentir.
Nunca dejas de querer a quién consigue llegar a lo más profundo de tu ser. Quién te acaba conociendo más que tu mismo. Las relaciones son efímeras, y
nunca sabes cuando te volverá a sorprender alguien diferente, que te
rompa los esquemas.
No
me arrepiento de nada, sinceramente. Eres una etapa de la
vida más, una enseñanza, un paso adelante.
Y de
verdad, mil gracias por tanto. Por cada segundo que decidiste compartir conmigo, por cada noche pasada en vela hablando hasta las seis de la mañana, por cada risa, por cada lágima... En resumen, gracias por elegirme a mi.
Confío en que tarde o temprano encuentres a quien realmente te haga feliz. Feliz como yo no fui capaz de hacer. Yo te aseguro que siempre quedará un pedacito de ti incrustado en lo más profundo de mis recuerdos.
Me reitero. Gracias y hasta siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario